Un vínculo indestructible

El próximo 15 de octubre se celebra en Argentina el Día de la Madre. Pensando en esa relación tan fuerte que se genera entre mamá y bebé, te brindamos algunas claves para que te conectes con esta maravillosa personita que llegó a tu mundo.

Si bien en muchos casos la relación mamá-bebé se da de manera natural, a muchas mujeres les lleva un poco más de tiempo conectarse con sus hijos y aparecen sentimientos encontrados. Esto es absolutamente normal.
Crear vínculos afectivos puede ser tan sencillo e igual de fácil o difícil que el amor mismo. Normalmente, el amor que sienten los padres hacia sus bebés no supone ningún esfuerzo espontáneo, pero tal como lo observaran dos profesores americanos de Pediatría, Klaus y Kennel, hace un cuarto de siglo, hay cosas que pueden interferir en esta conexión valiosísima, y como resultado, la vida puede arrancar en dirección equivocada.
Muchas mamás se angustian porque al principio les cuesta mucho conectarse con su bebé, y a la felicidad que sienten, se suman sentimientos de angustia y miedo. Esto es totalmente normal.
El vínculo no se establece de manera automática aunque haya una predisposición. Esto es un proceso que se desarrolla a lo largo de la vida, como consecuencia de intercambios comunicativos entre padres e hijos.
Desde el momento en que nace el bebé, e incluso desde el momento que la mujer se entera que está embarazada, es común que comience a crearse esa conexión afectiva entre ambos; conexión que se verá fortalecida en el momento del nacimiento. La comunicación entre la madre y el niño, desde el embarazo y a lo largo de toda la vida es fundamental: el bebé da pataditas en el vientre materno, se mueve, la madre le habla, le canta, acaricia la panza, piensa en él. Todas estas conductas son comunicativas y hacen que ambos se vayan conociendo.

Sistemas que fortalecen el vínculo

Existen seis sistemas que fortalecen el vínculo: el dar de mamar, la sonrisa, la mirada, el llorar, el contacto físico y la comunicación (verbal y/o gestual).
Los primeros contactos con el recién nacido, las caricias, miradas, devoluciones de sonrisas entre ambos, el acudir a calmar un llanto… todas estas manifestaciones refuerzan el vínculo que empezó a crearse en el vientre.
A partir de los seis meses de vida, el bebé se empieza a percibir como alguien separado de su madre. Este paso hacia la independencia es muy importante, para que el bebé se vaya convirtiendo en un ser autónomo, que vive en un mundo que lo ama, entiende y apoya. Por este motivo es importante que el vínculo afectivo sea flexible y favorezca esa autonomía. Para dar este paso, el apoyo de la familia es fundamental, otras figuras empiezan a tomar fuerza a partir del primer año de vida, como el padre y los abuelos, aunque su preferencia por la madre será inconfundible. Hasta el segundo y tercer año de vida, es común que notemos el enfado y disgusto de los chicos en las ausencias de la madre y en las separaciones momentáneas, dando lugar a las famosas rabietas y protestas.
Freud y posteriores expertos, estudiosos del padre del Psicoanálisis, insistieron acerca del hecho de que las raíces de nuestra vida emocional se hallan situadas en la lactancia y primera infancia, y cómo los acontecimientos de los primeros años de vida marcan la posterior personalidad.

Una red de contención

Muchas mamás sienten que el cuidado de un recién nacido requiere mucho esfuerzo y que no van a poder afrontar la situación.
Este es un proceso que depende mucho de la mamá y de su propia historia, pero en general es muy bueno tener una red de contención donde apoyarse; sentirse acompañada y asistida. En el caso que ella necesite dormir o hacer algo debe saber que hay alguien que la puede ayudar y que el bebé estará siempre bien cuidado. La pareja, los abuelos y amigos o personas de confianza son muy importantes.
La mamá en esta etapa necesita sentirse cuidada y sostenida por su entorno al igual que su bebé lo necesita estar por ella.

Claves para lograr un vínculo feliz

Aquí van 5 ideas claves para crear y mantener los vínculos afectivos y ayudar a los niños a aprender con facilidad y ser felices:
1. Entendé y respondé a las necesidades del bebé: Cuando acudimos a su llanto y respondemos a sus necesidades, les enseñamos que nos preocupamos y que estamos ahí para cuidarlos. Si no lo hacemos corremos el riesgo de crear stress y angustia.
2. Cuida de vos misma para que puedas cuidar de tu hijo: El nuevo rol de madre te hace sentir agotada, abrumada. No dudes en pedir ayuda para cuidar de tu hijo y dedicarte un tiempo para vos.
3. Hablale, cantale y leele a tu hijo: Dejá que tu hijo escuche tu voz todo lo que puedas, sin importar como cantes o si le lees una revista. Al cerebro le interesan los sonidos. Así estimulamos su lenguaje, además de reforzar el vínculo.
4. Creá un mundo predecible para tu hijo: ¿Cómo? A través de rutinas y de respuestas previstas que le den sensación de confianza y seguridad. La figura de apego es la persona en la que se confía, y es quien proporciona una base segura desde la cual operar. Los seres humanos, de todas las edades, somos más felices y podemos desarrollar mejor nuestras capacidades cuando sabemos que tras nosotros hay una persona digna de nuestra confianza.
5. Creá un ambiente cálido y amoroso: Asegurate de brindarle muchísimo afecto. La importancia del contacto físico desde el primer momento es fundamental, es la base para la supervivencia del bebé. TOCARLOS, ABRAZARLOS, BESARLOS. El tocar es estimulante, relajante, da alivio y propicia el apego.
Recordemos que debemos creer en los niños, hacerlos sentir importantes y mostrarles que ellos pueden hacer la diferencia. Los adultos tenemos la posibilidad de tocar, de cambiar los sentimientos de alguien: hagámoslo de forma positiva!

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